Un entorno saludable para un bebé feliz

Mi esposo y yo moríamos de las ganas de tener un bebé. Acabábamos de llegar de vivir de Estados Unidos, y estábamos listos para dar ese “gran paso” y convertirnos en una familia -aunque Lorenza, nuestra Bulldog de 5 años, ya nos hacía sentir como una. Un martes cualquiera me levanté y le dije a Andrés “yo creo que estoy embarazada”. Él se rió y con mucha ternura me dio un beso y me dijo “Dios quiera que sí”, pero la verdad es que no me creyó mucho. Yo lo sentía, había algo, un instinto.  Al final de la tarde me hice la prueba de embarazo y “oh la la” doble rayita.

Después de la conmoción, la llamada a los papás, la confirmación con una prueba de sangre, lo primero que pensé fue, “¿y ahora qué?”. Me atrevería a decir -sin evidencia alguna- que la gran mayoría de mujeres, una vez saben que están esperando, quieren saber qué comer, cómo comer, qué no comer y cómo asegurar un embarazo saludable. Bueno pues mi caso fue el mismo. Para mí el reto parecía mayor puesto que llevaba un buen tiempo siendo lo que llaman “pesco-vegetariana” o incluso, “flexitariana” que en otras palabras significa que comes la mayor parte del tiempo vegetariano (incluye huevos y lácteos) y de vez en cuando comes pescado o mariscos.

Mi embarazo coincidió con mi nuevo cambio de carrera, mi acercamiento a la nutrición y este nuevo camino hacia una vida más sana (pero de eso podemos hablar en otro post). Y esto es sumamente importante, porque antes de entrar en materia y hablar de qué debemos comer y qué no, creo que es clave entender que un bebé sano viene de un matrimonio o pareja sana. Años atrás había hecho un acuerdo con mi esposo que desde el día en que quedara embarazada, estaría dispuesta a aumentar la cantidad de proteína animal en mi dieta y que mi hijo, por supuesto no podría ser vegetariano. Claro está que esta no es la manera en que yo lo manejaría si estuviera sola, pero como decía, la clave de un bebé feliz y una familia feliz es una pareja feliz y eso implica llegar a muchas negociaciones (¡muchas!). Nuestro acuerdo se cerró con un consumo de proteína animal de al menos 3 veces a la semana.

Ahora bien, hay 3 factores a tener en cuenta a la hora de hablar de “un embarazo saludable”: entorno/afecto, nutrición, y movimiento. Es decir, no solo se trata de lo que nos metemos en la boca, sino el entorno en el que estamos viviendo y qué tanto nos estamos moviendo. Este artículo entonces se divide en 3 partes y así me puedo dedicar a hablarles con tranquilidad de qué significa cada uno. En este primero, me voy a enfocar en el entorno.

Cuando supe que estaba embarazada, estaba pasando por un mal momento. Estaba infeliz en mi trabajo y vivía con una sensación constante de ansiedad y estrés. Lloraba regularmente y me costaba conciliar el sueño.

Medita

“Una mamá feliz, significa un bebé feliz”. El estrés genera cambios en nuestro sistema nervioso, endocrino e inmunológico, y por supuesto, no es el entorno en el que queremos que se geste nuestro bebé. Entonces antes que nada, la mamá debe estar en un entorno de paz, calma y amor. Para esto recomiendo mucho la meditación. La meditación nos ayuda a permanecer equilibradas, bajar los niveles de cortisol y adrenalina, pero sobre todo, nos ayuda a empezar a crear ese vínculo mamá e hijo. Son pocos minutos al día, pero minutos que pueden hacer toda la diferencia. Tu bebé va a disfrutar de la práctica tanto como tú.

Meitación

¿Qué hacer?: procura hacer esto al memento de despertarte, de esta manera lo incorporas en tu rutina diaria y es más fácil convertirlo en un hábito. Te sientas cómoda, espalda recta, y las manos en posición de gyan mudra. Inhalas y exhalas por la nariz. Inhalas en x tiempos, aguantas la respiración en la misma cantidad de tiempos, y exhalas en la misma cantidad de tiempos. No importa si son 5 tiempos o 10, verás que con el tiempo irás expandiendo tu capacidad pulmonar que es tan importante durante el embarazo (esto lo veremos en otro post).

Haz esto todos los días, 11 minutos y si quieres y te atreves, vas añadiendo tiempo a tu meditación hasta llegar a 30. Son 11 minutos porque ese es el tiempo que se tarda para que nuestra glándula pituitaria, el sistema glandular y los nervios empiecen a sentir realmente un cambio. Los sistemas nerviosos simpático y parasimpático comienzan a acomodar el aumento de energía.

Imagina a tu bebé disfrutando de este momento, imagina la respiración entrar y salir por tu cuerpo (yo siempre me imagino una luz morada que entra, consiente a mi bebé y vuelve a salir).

Habla con tu pareja

Este es un buen momento para empezar a hablar con tu pareja. El afecto y apoyo emocional de quienes nos rodean es crucial para la salud de la mamá y del bebé. Busquen espacios para hablar de lo que se viene, de los sueños, las ilusiones, los miedos y los retos. Con el tiempo ese espacio lo pueden dedicar para cantarle y hablarle al bebé. Es una experiencia increíble y vale la pena vivirla con consciencia o mindfulness, como dicen.

Escribir

Escribe

Aprovecha estas primeras semanas para revisar qué genera estrés o ansiedad en tu vida, ¿cómo lo puedes cambiar? ¿Es una persona?, ¿una situación? Si hay algo que no te está dejando tranquila, tómate el tiempo para revisarlo. Empieza un diario para anotar todas estas sensaciones durante el embarazo. Escribir es una de las mejores prácticas de sanación que existen.

Recuerda, una mamá feliz significa un bebé feliz.

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s